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Cuentas Pendientes.




Cualquiera con dos dedos de frente habiendo escuchado La Ciudad Aural se percataría de la gran ausente en todo este tinglado que armé el año pasado y el anterior. Cualquier vecino del lugar ávido del sonido y consciente del entorno sonoro en el que habita se daría cuenta que yo, olvidé, quizás la marca sonora con mayor horizonte de toda la ciudad (exceptuando, claro está, La Mascletá, aunque esta no perdura a lo largo de todo el año). Esta marca sonora, constante incesante y omnipresente en casi toda la ciudad, que marca las horas, que entre el Jueves Santo y el Sábado de Gloria no suena, que siempre siempre siempre escuchamos, justo antes del inicio del Semanal Tribunal de Las Aguas, cuando se cuela por patios, callejones y plazas, cuando nos llega bien clara incluso más allá de Pont de Fusta y que si sopla de Poniente la podemos escuchar tumbados en la hierba de viveros, si agudizamos el oído y discernimos entre el murmullo de la ciudad, ésa, que ahí montada, en la espadaña, no tiene ningún obstáculo a la vista, no hay nada que le impida propagar las descargas de grabes resonancias y toda ella resuena cada dia, a cada hora de forma expansiva, épica y contundente, y voy yo y me paso casi dos años escuchándola y ni siquiera pierdo el tiempo en grabarla, hasta hoy.

Luego voy y me percato que nadie se fija, nadie la escucha y muy pocos subrayan su presencia cuando aparece en el paisaje sonoro, sólo recuerdo al Sr. Barber, recogiendo después de su concierto en La Clínica, cargando piezas de su campanario portátil en el coche, de repente, sonó, levantó la vista y soltó algún improperio en valenciano que no reproduciré, y agregó con cierto pesar: aah! si me la deixaren tocar! y siguió cargando maderos al coche.

Fuentes consultadas:
http://campaners.com/php/campana1.php?numer=806