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La Crisis de la Legitimación


Llevamos cierto tiempo, concretamente en España e imagino que en muchos otros países también discutiendo en el ámbito cultural acerca de la imposibilidad manifiesta de las instituciones públicas por cubrir una serie de necesidades culturales de lo que en según que sectores se denomina la cultura de base. Esa “Cultura de Base” se refiere a aquellas producciones culturales desarrolladas desde la colaboración o la asociación de grupos o colectivos ciudadanos de forma (casi) altruista.

Históricamente esta cultura ha demandado a los poderes una mayor presencia y una protección o defensa ante los avatares de la economía. Esta cultura de base, aparte de desempeñar prácticas culturales de todas las disciplinas, asume también una vía de lucha y protesta constante llamando a la puerta de las instituciones, pidiendo asilo, amparo y a fin de cuentas un cojín que les mantenga a flote.

Si por una parte esa demanda colectiva se centraba meramente en lo económico existe también otro tipo de demanda de algo mucho mas intangible que el dinero. Esa cultura de base demanda legitimación. En ese sentido la legitimación se busca a partir de la necesidad colectiva de afianzar una propuesta y que esta reciba el “aval” de la institución para así poder engrandecerse o nutrirse de las ventajas de estar legitimado por la academia, el museo, el conservatorio o directamente el poder. Y en ese sentido, muchas producciones culturales han buscado y siguen buscando ese tipo de herramientas de legitimación.

Sin embargo, en estas épocas en las que nos ha tocado vivir en la que la separación entre el poder institucional y el poder de base se hacen cada vez mas evidentes y en un mundo en el que ya hemos vivido aquello del “no nos representan” la necesidad de una legitimación institucional cada vez resulta mas obsoleta.

En el momento en el que la cultura oficial deja de ofrecer y empieza a cerrar filas, se enroca detrás de las columnatas y los grandes pasillos reverberantes y cada vez se escuchan menos ecos en esas grandes salas al mas puro estilo Xanadú de Ciudadano Kane, resulta que la cultura “de base” o ya directamente La Cultura, es la que está haciendo el trabajo; son esos espacios pequeños, esas remotas colectividades o esos grupos de trabajo que coexisten en sotanos, bajos y extraños locales de dudosa estabilidad arquitectónica los que inician sus programaciones como respuesta a las telarañas de los contenedores de arte vacíos de todo y llorando deudas por las cuatro esquinas.

En ese panorama, la toma del relevo está bien clara, enseguida, los colectivos se afianzan, crecen y se diseminan, empiezan a reunirse unos con otros y a pesar de las dificultades se trabaja en por de otro modelo, otra manera de gestionar lo ingestionable, otra manera de existir sin darse cabezazos contra la pared.

Y sin embargo, mucho después de la toma de control de la cultura seguimos tratando de empujar hacia la institución, demandando aquello que des de siempre se nos ha negado, un lugar en el mundo. Y con ello la legitimización de esas prácticas. Ante este panorama lo que realmente hay que plantearse es si necesitamos esa legitimación os si por contra podemos conseguirla a través de nuestra práctica diaria? hace falta que el Museo Fulanito cuelgue mis cuadros para obtener el aval? Necesito que una gran industria discográfica me contrate y publique mi disco para legitimar mi música? Hace falta que me inviten a tocar al Palau de la Música para entrar en ese exclusivo Olimpo de la institucionalización, del arte políticamente aceptado o de la música establecida? Realmente necesitamos ese tipo de reconocimientos para ser conscientes de nuestro puesto en La Cultura?

Señores,  yo creo que no. Y creo que no en un momento sumamente complicado, en el que como ya hemos comentado y como ya sabemos, no queda nada en pie, nos lo han arrebatado todo y han acabado de desmantelar lo poco que quedaba. Ahora podríamos empezar a enumerar despilfarros, programaciones bochornosas, exposiciones demenciales, tratos de amiguísimo y demás salvajadas “institucionales”; y si ya nos enfrentamos al caso valenciano entonces la diversión está asegurada, pero no haremos eso.

Ante este panorama directamente apocalíptico, yo me pregunto si realmente necesito el golpecito en la espalda de instituciones que de manera flagrante han caído en el tedio, el aburrimiento y la apatía. ¿Para que necesito esa institución? cuando tengo herramientas suficientes para generarme mi propia institución? mis propios canales de distribución y mi nodo de intercambio desde la producción, la crítica y la gestión? Eso si, todo ello gestionado de puntillas, con una mano delante y otra detrás, pero libre, libre del condicionamiento político, libre de la burocracia, libre de aquello de “esto si pero lo otro no” ¿Si me puedo librar de ello para que empeñarse en demandar reconocimiento?

En esas estamos, en trazar una nueva hoja de ruta (como le gusta al poder) un nuevo camino en el que los mecanismos de generación de apoyos y avales vienen dados por una masa informe sin cabezas visibles y sin muros de piedra, la Red, ese lugar en el que un ordenador portátil y un decente diseño de web o incluso una buena plantilla en wordpress pueden ser herramientas que transformen algo tan casero como eso, en una institución con toda una reputación y una legitimidad digna de las susodichas esferas públicas. 

Finalmente, en vez de llamar a la puerta de los grandes museos nos toca mirar hacia otro lado y empezar a reconocer la seriedad de proyectos surgidos en sotanos, en habitaciones compartidas y en pequeños antros de alquiler barato y pensar que esa legitimación se gana a pulso, se gana luchando y ofreciendo lo que uno sabe hacer mejor en las condiciones que cada una crea oportunas; pero no quedarse plantado por que no me abrieron las puertas del templo y llorar en la escalinata, esperando que por arte de magia le paguen a alguien para que abran.

Gracias José Vicente por recordarme esto,...

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Escrito en Abril del 2012 en Valencia. 
Una versión más academicista forma parte de las conclusiones de mi tesis doctoral accesible también desde esta misma web.

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