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Jamás Cobrarás


Una vez asumida esta nueva cultura del recorte y la cancelación presupuestaria hay toda una serie de prácticas que afloran a la superficie y se perpetúan como modelos de gestión cultural válidos que cada vez mas se extienden en el panorama de festivales y certámenes de arte y cultura que se desarrollan en nuestro querido país. Estas prácticas amparadas por el modelo de austeridad y justificadas en términos económicos son una tremenda arma de doble filo que afecta tanto a las iniciativas públicas como a las privadas. Esto que vamos a contar aquí, no es nada nuevo, ni soy yo el único que lo dice, pero sin embargo, bien poco cuesta sacar el tema a relucir para denunciar unas prácticas que se extienden como una gran mancha negra. Mancha que amenaza con quedarse aquí y que parece haber reivindicado su lugar como modelo de futuro. Fantástico.

Esta cuestión la queremos llevar al ámbito de las prácticas artísticas minoritarias y siendo yo quien soy y dedicándome a lo que me dedico, la cosa va de Arte Sonoro y Músicas Experimentales. Y bien, ¿cómo nos afecta a nuestra labor las nuevas prácticas? pues muy sencillo, estas artes minoritarias son siempre consideradas como valores en alza que afianzan o legitimizan un festival de, pongamos por caso, música electrónica. Mas allá de la mera fiesta discotequera el trabajo cultureta transforma un festival nocturno, rápidamente en una muestra de arte electrónico, tratando de copiar el modelo Sonar con la salvedad de que en el Sonar, cobras, pero ahora hablaremos de esto, primero un ejemplo.

Digamos que tenemos el "Festival A" este pretende ser un encuentro centrado en el arte electrónico, lo primero que hará el promotor será afianzarse un par o tres de DJs o de artistas electrónicos que puedan pinchar y los programará para llenar las cabezas de cartel con una versión barata de lo que el artista electrónico puede ofrecer. Una vez afianzada la entrada de dinero por la venta de entradas para la fiesta de la noche, el promotor se reunirá con todo el mundo que tenga a su alcance para proponerles actividades durante el día, conciertos, charlas, mesas redondas, todo tipo de actividades que añadirán al festival una pátina de seriedad, de contenidos culturales "serios" comparado con la noche, las luces, la discoteca y el subidón. Esto le ofrecerá al promotor una bandera de legitimidad en la escena musical y cultural con la que decir, esto no es una rave.

Una vez tenga a estos colectivos o artistas ya agarrados de la mano les dirá que no hay dinero y que tienen que aceptar que participar en este festival será una buena promoción hacia su trabajo minoritario, que vamos, en resumidas cuentas, el festival le hace un favor al artista minoritario. Así bajo esa premisa el promotor se acercará quizás a la institución a pedir presupuestos o buscando sponsors y quizás bajo el amparo de esas prácticas artísticas punteras pero minoritarias conseguirá la subvención o ese sponsor. En todo caso usará esa baza como caramelo hacia las ansias políticas de ser modernos, punteros y avanzados.

Y por punteros y avanzados, un promotor con un poco de vista acudirá a las universidades y escuelas de arte en busca de alumnos dispuestos a "emerger", estos (sin ánimo de generalizar, por que efectivamente hay quien ya no pasa por el aro) se apuntarán al carro y como nadie les habrá dicho que hay que cobrar por trabajar se irán de cabeza al festival a engrosar la carga cultureta de la iniciativa. Todos estos que rellenarán el cartel del festival durante los horarios diurnos y que conformarán un amalgama de propuestas variopintas lo harán a cambio de nada de nada. Pues esas promesas de promoción, difusión y publicidad jamás llegarán a tener la fuerza del cartel nocturno de  grandes nombres y cabezas de cartel que han venido en Ryanair con sus discos duros o vinilos. Nada de lo prometido sucederá, simplemente pasarán desapercibidos y el pastel, se lo comerán como siempre, cuatro gatos.

¡No me lo negarán! es un negocio redondo y siempre que hayan artistas "emergentes" con ganas de ofrecer su trabajo a diestro y siniestro estas prácticas se repetirán, perpetuaran hasta arrancar de raíz años y años de reivindicación de un trabajo que cuesta dinero y que debe ser respetado tanto como aquellos que llenan salas de tipos con ganas de bailar o simplemente llenan salas.

Con esto no quiero decir que una cosa por la otra, con esto no quiero decir que no haya que programar Djs o grandes nombres internacionales por encima de escenas locales (ese es tema aparte), al contrario, si puedes pagarlos ¡tráelos! Con esto lo único que digo es que sea quien sea el que venga al festival, este tiene que percibir lo que se merece, su trabajo tiene que ser remunerado. Lo que de ninguna manera tiene que ser tolerado es que en un mismo festival, algunos artistas cobren y otros no, amparando eso en cifras de audiencia, esa no es la excusa y si tú, promotor, no puedes pagar a todo lo que quieras programar, entonces ¡no lo programes! Haz lo que puedas con el presupuesto que tengas, se honrado y paga a todo el mundo, y no vayas vendiendo falsas retribuciones intangibles y finalmente irreales.

¿Y el artista que tiene que hacer? pues bien, exigir lo que les propio, no permitir ni aceptar participar en este tipo de festival o certamen sin unas mínimas condiciones pues si no lo hace, aparte de rebajarse, conseguirá rebajar al resto de compañeros trabajando en lo mismo. Ya no se trata de una decisión que afecta al individuo, afecta a un colectivo que va mas allá de una sola persona, estás diciendo que lo que tu haces, y lo que hacen tus amigos, no vale nada de nada, y eso amigos, es una jodienda. Así que bueno, tu verás artista emergente, esto, realmente va por ti, porque el promotor tonto no es, aquí el único que sale perdiendo eres tu, así que mi cabreo irá hacia ti y no el tipo que te programa gratis, que insisto, de tonto no tiene un pelo.

Como siempre hace falta aclarar y contar con la nota positiva de todo esto, es que, efectivamente si que existen todavía pequeñas aldeas galas en las que los festivales programan y pagan a todo el mundo en mayor o menor medida, con grandes o pequeños caches pero nunca renunciando a eso que es legítimo, lo que debería ser lo normal, tanto para grandes estrellas como para artistas jóvenes que apenas han salido del estudio, todos ellos cobrarán. Así que bueno, todavía quedan unos resquicios de dignidad a los que poder acudir, suerte la nuestra.

Luego están esos conceptos planteados en este otro post de hace unos meses en el que planteábamos otra opción, a otra escala y con otros intermediarios implicados. Esta opción del Bien Común ya planteada si que contempla una retribución tangible como ya enunciamos. Sin embargo el Bien Común solo se aplica entre iguales, cuando el que programa y el programado trabajan al mismo nivel y comparten la visión, intercambian y tienden puentes de intercambio. Aquí, hoy de lo que hablamos es de otra cosa, hablamos de necesidades, favores y a fin de cuentas estafas en las que muchos caemos o hemos caído de bruces. Como todas las cosas, hay matices, quizás aquí el matiz es esta cuestión del Bien Común que ante todo busca que el diálogo entre las partes implicadas sea honrado y realista, con las cartas sobre la mesa.

Finalmente, cabe decir que este texto no es una cosa aislada, que no soy el único que dice esto, de hecho muchas de las cosas oídas las he escuchado de mucha gente, casi que solo me limito a enumerarlas, secundarlas y resumirlas, si cabe, aquí.

 Este texto va para aquellos que tengan que sentirse aludidos y siempre respetando la labor de la gente que sigue creyendo que el trabajo se paga y que no hay nada gratis.Y que si no puedes pagarlo pues no lo hagas, ¿no es esa la lección que nos enseñaron nuestros padres cuando éramos pequeños y que parece que, dada la coyuntura, lo hayamos aprendido hace dos días? se ve que algunos todavía no lo han aprendido, o quizás si, y lo que han hecho es, olvidar.